Opinión

Versiones de Alexander Mayet Peña sobre la embriaguez en el imaginario de la plástica cubana contemporánea.

La mirada de este joven autor se inscribe en una particular construcción pictórica ajena a juicios morales estridentes o a caricaturas trasnochadas.

Ortelio Rodríguez Alba

alba@bellasartes.co.cu

La Habana.-Amante de la buena pintura más que de la pintura de géneros o tendencias, Alexander Mayet Peña (La Habana,1973) comparte gustos artísticos de amplio registro: del Bosco admira su creatividad para proporcionar sorprendentes personajes; de los pintores alemanes-Bad Painting- agradece la soltura de la pincelada y esa temible belleza del color cuando éste llega a parecer “sucio” avanzando en una funcionalidad expresiva que rebasa todo margen de perfección para imponer otros cánones perceptivos ; de Pedro Pablo Oliva, su variedad iconográfica, la predilección por la historieta, sus temas emergentes de los años 90 cercanos aún a nuestra cotidianeidad…

Confiesa Mayet su seducción por la pintura desde muy pequeño, cuando en los cuadernos de clase alternaba las notas de rigor con los apuntes de sus primeros dibujos; a través de ellos recreaba historias individuales de las criaturas que dibujaba, a la vez que les daba nombre: nacían así, al mundo, y a la memoria del pequeño, sus primeros amigos, duendes que le acompañarían siempre…

La familia tendría desde entonces y hasta hoy una influencia cardinal: Procedente de un sitio donde pintar paisajes se convierte en género de tradición y noble cultivo, sus comienzos tributan a una obra de factura paisajística; luego sobrevendrá una fase de decantación en la que el artista se inclina más decididamente por el retrato-individual o colectivo-mediante una figuración que sueña captar sentimientos humanos y problemáticas sociales.

El tema de la embriaguez, reconoce el pintor, es una de las experiencias humanas atemporales presentes en todas las sociedades; reflejado de diversas maneras en el cine, el teatro y la música, no escapa a la infinita serie de argumentos que han permitido a artistas de todas las épocas abrir nuevos cauces a sus posibilidades expresivas.

La obra del pintor cubano Alexander Mayet rinde culto a este atractivo tema. Valorado por miradas pícaras, existenciales y, en otros casos, documentales, la mirada de este joven autor se inscribe en una particular construcción pictórica ajena a juicios morales estridentes o a caricaturas trasnochadas.

Efectivamente, un rápido recorrido asociado a la tradición de éste tópico permitiría advertir sus huellas en la historia del arte: En las artes plásticas los ejemplos son numerosos: 1628 marca un eje de referencia en la pintura occidental con la obra “Triunfo de Baco de Velázquez; pieza de tema mitológico más conocida como “Los Borrachos”; donde el célebre pintor español no desaprovecha la ironía para sumergirse en el submundo de los personajes de la calle, presididos por el semidesnudo Baco.

Siglos después, a fines del XIX, otros artistas incorporan novedosas visiones abandonando el tema histórico y mitológico desarrollado por sus predecesores; destacan los trabajos del pintor danés Peter Severin Kroyer quien incorpora a sus composiciones motivos asociados a bares y tabernas a través de un marcado colorido y contraste de luces y sombras.

Renoir, Vincent Van Gogh, Edouard Manet y más adelante Edouard Hooper aumentarán las aportaciones sobre el tema. En sus obras advertimos atmósferas alucinantes donde conviven, sobreviviendo unas veces y, divirtiéndose otras, los animados bebedores de siempre.

En la literatura el tema de la embriaguez ha sido tratado en diferentes ocasiones; un buen ejemplo es “El Libro del Buen Amor” de Juan Ruiz, Arcipreste de Hita, donde supuestamente se enseña mediante reglas, como llegar al buen amor, entendido este como la manera de alcanzar la felicidad del hombre a través de sus sentidos. Rasgos de la condición humana como pudieran ser los excesos, son ejemplificados por el autor del libro, no para denunciarlos sino para reflejar vivencias y apuntar fragmentos de la experiencia humana.

Justamente Mayet añade referencias al tópico y podría decirse que parte del encanto de la iconografía por él creada se concentra en su repertorio de imágenes donde la eticidad no es punto central y la temática queda reconocida como un hecho natural y, hasta cierto punto, ajustado a una cultura y a unos hábitos humanos tolerables si bien para muchos socialmente conjeturables.

Titulada “Los Borrachos,” la serie ahora ofrecida por Alexander ha sido conformada por lienzos de gran formato que representan sitios a los que una gran parte de la ciudad acude por diversas motivaciones y bajo estados de ánimo diferentes; acción que permite configurar disímiles personajes, adentrados en mayor o menor grado, en el mundo de la embriaguez, bien sea a causa de un accidente emocional, por inadaptación social o por “simple” curiosidad, como supuesta fuente de placer.

El pintor traslada estos personajes de la vida real a sus lienzos, dejándolos que interactúen con sus cuentos, sus historias, chistes y trucos, e incluso sus formas de vestir, concediéndoles libertad de movimientos y espontaneidad.

Las obras han sido trabajadas con una amplia gama cromática. Los colores cálidos predominan en gran medida mezclándose armoniosamente con los más fríos para conformar una figuración de acento cubista capaz de comunicar, mediante rostros y miradas angulosas, propias de una visión expresionista, el interior invisible de los actores que dominan su imaginario. Resulta interesante detenerse en éste aspecto donde sobresale, a partir de una figuración personal, el latido de una sensibilidad no siempre expresada directamente, sino más bien presentida en la piel de sus personajes.

El artista, en esta nueva etapa, luego de haber desarrollado innumerables obras paisajísticas de carácter rural, con alto nivel académico, se nos muestra interesado por su entorno social creando una figuración adecuada para representar ese entramado mundo de vidas no siempre bien comprendidas y, tal vez, por esa misma razón, poderosamente atractivas para el creador.

Sin embargo, no ha sido esta temática exclusiva en el quehacer plástico de Mayet; la serialidad ha sido, en su caso, un vehículo susceptible para el tratamiento de otros motivos temáticos así como de personajes sugestivos: bicicleteros, deportistas- boxeadores, principalmente, toreros, bailarinas, músicos y, dentro de sus trabajos más recientes. seres matizados por una dulce ensoñación de toque surrealista.

Hoy ha sido “Los Borrachos”, tal vez mañana, su mirada descubra nuevas criaturas fascinantes a su atrayente creación.