Visiones Contemporáneas de la Cerámica Cubana en Beatriz Santacana

Diciembre 2019

Tímida y anchurosa como el azul de sus ojos; delicada en su firmeza de carácter; dueña de un mundo interior escoltado por ángeles que vedan la acogida a extraños; la imagen que guardo de Beatriz Santacana es la de una artesana que modela con amor y paciencia las criaturas que alguna vez verán la luz en difíciles partos creativos.

Fascinada por la cultura mexicana que conoce de primera mano, la atracción de Beatriz por los iconos aztecas es de amplio registro: suele admirar la artesanía popular de rica imaginería policroma o emocionarse ante la figuración irrepetible de Frida Kahlo, trazada con el corazón ensangrentado; considerar del muralismo su vocación narrativa tanto como sus rendimientos para la experimentación técnica.

Pero, sin dudas, es Rufino Tamayo una influencia conscientemente asumida en el gusto de la artista por una figuración capaz de desdibujarse a sí misma mientras conserva sus señas de identidad; el Rufino deliciosamente sensual de Desnudo en Blanco en el que Tamayo revela el celo íntimo de dos amantes: una mujer en primer plano y, detrás de ella, una figura masculina difuminada…

Beatriz Santacana es, también, una persona abierta al aprendizaje; sensible a la conversación íntima, a la degustación de un buen café cubano compartido entre amigos incondicionales y una amante fiel de su familia y su hogar.

Abogada de formación y ceramista por vocación ha debutado con acierto en el panorama de las artes plásticas cubanas contemporáneas.
Sus proyectos han sido diversos, abarcando manifestaciones disímiles como la instalación, escultura y actualmente paneles de azulejos esmaltados. Las exposiciones en que ha participado han ido trazando una ruta de provechosos intercambios con autores del ramo cuya consecuencia de mayor impacto para la artista ha sido la perenne búsqueda y el continuado estudio.

También ha disfrutado importantes premios como el obtenido en el Quinto Salón “Mirta García Buch”, ACAA, 2005 o el Premio Opera Prima, VIII Bienal de Cerámica “Amelia Peláez”, 2006, Museo Nacional de la Cerámica Contemporánea Cubana y, más recientemente, la Mención en Fiart 2009.
Sus paneles de azulejos, trabajo que ha venido realizando en los últimos tiempos, han ido ganando espacios y admiración notorios. Ensamblados en medianos y grandes formatos como conjuntos de factura mural, la creadora incursiona en figuraciones que comparten el gusto por una línea segura y amplitud cromática, permitiendo el libre vuelo de la imaginación del espectador.

Los asuntos suelen ser diversos tanto como las morfologías empleadas: en unos casos un ave puede cautivar en la disposición simpática de una cabeza de perfil que permite el trazado de un ojo circular expectante; mientras el resto del cuerpo, inclinado, se rompe bruscamente por la colocación de aquella en dirección contraria al mismo: posición expresiva para atrapar un gesto asombroso; Otras veces domina el color azul como fondo, en una suerte de regodeo de la tinta, donde armonía y equilibrio coexisten mediante un juego de trazos que, hilvanados en diagonal, terminan dividiendo áreas triangulares rellenas de color rojo, consintiendo un sugestivo diseño geométrico.
Pero el libre juego de la imaginación se abre paso a partir de los motivos delineados por Beatriz. En razón de esa potestad podremos percibir otras transfiguraciones: anclas, campanas y peces, ubicados en puntos estratégicos, tejiendo redes que nuestra mente completa en su esfuerzo por integrarse a la trama visual exhibida, o ser parte de un sentimiento compartido con su autora.

En la obra plástica de esta creadora cubana existe otro rasgo de marcada atracción: su sensualidad. Muchas de sus piezas emanan emoción palpitante, bien sea a través de onduladas líneas o de caprichosas disposiciones figurativas que suelen evocar la obra de Joan Miró.

Puede uno encontrar figuras sugerentemente unidas en la pulsación de un deseo que alcanza a quebrar la línea compositiva; Otras veces las figuras coronan sus cuerpos con formas ovaladas atrayentes en la simbología- subsumida- de una apetitosa fruta. Suelen ser escenas realizadas con colores complementarios, el verde y el rojo mezclados, u otras combinaciones entrelazadas al fondo o superpuestas a las figuras.

Las texturas de las piezas añaden una materialidad que enriquece los asuntos tratados; el esmalte matiza, en sus contrastes con la gama cromática, una figuración de signo cubista fusionada a contrastantes colores fauves característicos en numerosas ejecuciones.

Diversas muestras expositivas –personales y colectivas- han acogido los proyectos de Beatriz Santacana durante los últimos años. Resulta grato apreciar el territorio de permanencia que ocupan sus obras ambientales emplazadas en edificios públicos de nuestra capital, como el Hogar Materno Celia Sánchez Manduley-Jaimanitas, La Habana; La Casa del Benemérito de las Américas, Benito Juárez o el Conjunto Mural “Mundo” emplazado en la recepción del Centro de Negocios Miramar, Edificio Beijing. Destaca también su magnífico Mural de azulejos cerámicos emplazados en el Museo Nacional de la Cerámica Contemporánea Cubana.

Mientras todo ello ocurre, Beatriz continúa sus búsquedas: Sospecha nuevas mezclas; palpa sus manos y descubre las huellas de tintas duraderas; muy cerca árboles espesos devuelven paz y sombra a su incertidumbre…A pocos metros el horno cuece las formas que ella imaginó y aún otras cuyo rostro será un misterio a develar...Beatriz aguarda el nacimiento de sus nuevas criaturas de arcilla.


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